La misma ciudad, el mismo barrio, el mismo lugar, pero dos realidades completamente distintas. Por un lado una casa al lado de la carretera, con la ropa tendida en el "jardín" y a la que apenas separan unos conos del impacto de un coche y por el otro edificios donde la vida parece más confortable, menos peligrosa y con menos ruídos.
Santiago Mendoza
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